El secuestro del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, en el contexto internacional actual, refleja la ruptura de la relación armónica entre la lógica de los medios y la lógica de los fines, supuestamente ya superada su contradicción, después de la segunda guerra mundial.
Precisamente, en la segunda guerra mundial se debatió esta antinomia a sangre y fuego, derivada de la contradicción capital – trabajo y soberanía de los pueblos – imperialismo.
Esto llevó al enfrentamiento violento entre capitalistas y trabajadores e imperios y pueblos oprimidos. Ambas partes alegaban que sus fines eran justos y, por ello, el fin justificaba cualquier tipo de medio utilizado.
Así, una vez superada la segunda guerra mundial, la comunidad internacional se dio un derecho internacional y unas instituciones para resolver sus conflictos por las vías pacíficas. En este sentido, el secuestro de un Jefe de Estado constituye una ruptura con el orden internacional y las instituciones que lo sostienen.
Bajando al caso concreto que nos afecta, a parte de la simpatía o antipatía que despierte Nicolás Maduro y el régimen bolivariano, no tiene ninguna justificación legal y/o legítima que se ataque mediante bombardeos y tiros un país soberano para secuestrar a su Presidente. Digo secuestrar porque su apresamiento no se hizo por ningún medio legal orientado por el principio de justicia universal, ni ordenado por ningún Juez o por la Corte Penal Internacional.
Si Maduro es demócrata, autoritario o dictador, eso lo tiene que decidir el pueblo de Venezuela. El que no sea venezolano, el organismo internacional o Estado extranjero pueden tener su legítima opinión sobre Maduro, pero nunca pueden decidir sobre el futuro de Venezuela. El único legitimado para decidir sobre su propio futuro es el pueblo de Venezuela.
Si Maduro es un narcoterrorista, eso tiene que ser probado con base en la legalidad nacional e internacional vigente y el debido proceso. Y ningún país por más poderoso que sea puede tomar la justicia por su propia cuenta secuestrando al Presidente de otro País. Es más, el procedimiento penal en el que está incurso Maduro ya está viciado totalmente de forma, porque su apresamiento fue totalmente ilegal y sin ninguna garantía en sus derechos como investigado. Por lo que en Derecho corresponde su inmediata puesta en libertad y la retroacción al momento anterior a su secuestro. Además, rige el principio de presunción de inocencia hasta que no se demuestre lo contrario. Por lo que estamos ante un ciudadano venezolano inocente apresado ilegalmente por el poder militar de un país extranjero. De esta forma, el ciclo de la historia se repite con nuevos sujetos y con nuevas circunstancias de tiempo y lugar, pero con las mismas formas que hace más de 80 años.
En los pueblos y sus gobernantes está la decisión de repetir el pasado o reafirmarse en las vías pacíficas para la resolución de las controversias internacionales. De lo contrario, la lucha violenta por la contradicción capital – trabajo y el imperialismo con fase superior del capital contra los pueblos oprimidos, volverá; el sistema tal como lo conocemos hoy morirá finalmente; y, ya solo quedará a la vista el Socialismo o la Barbarie.

ÓSCAR ROPERO
Nacido en Cali, Colombia; es un abogado, especialista en Derecho Migratorio, Extranjería y Asilo; tiene su despacho en la ciudad de Benalmádena, España. Puede contactarlo al email oscarropero042@gmail.com



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