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El oficio de mensajero en Valledupar

Mujer entrevistada por un reportero en su oficina.

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Reportaje especial por Jasón Gómez y Álvaro José Villalobos, estudiantes de comunicación social en la Universidad de Santander UDES, sede Valledupar; para la cátedra de gran reportaje y periodismo investigativo, profesora Alba Leonor Quintero.

Los domiciliarios en Valledupar se han convertido en una fuente de ingresos valiosa para los vallenatos. No sólo son un sustento para quienes se dedican a este oficio, sino también un apoyo fundamental para comerciantes y empresarios, que han logrado un crecimiento significativo gracias a ellos.

Desde sus inicios, los mensajeros han laborado como trabajadores independientes. Sin embargo, con el tiempo, muchos de ellos se organizaron y dieron vida a empresas que permiten afiliarse a un número de domiciliarios. Estos pagan el valor de una planilla y, a cambio, reciben la asignación de tantos servicios como sean capaces de realizar.

Una jornada marcada por el tiempo.

Deivis Zambrano, mensajero de la empresa Urbana, explica cómo funciona su día a día:

“Mi jornada laboral comienza desde las 7:00 de la mañana. Prendo la aplicación y espero los servicios a los que me postulo. Como funciona por GPS, me asigna el que más me favorece. Leo la descripción y salgo a realizarlo. Así continúo el resto del día. Hago pausas cortas para comer y descansar, pero no deben ser largas porque trabajamos con el tiempo: si lo utilizo en otras cosas, no hay rendimiento”.

El domiciliario promedio tiene poco espacio para su familia o actividades personales. “Trabajo 8 horas si el día no está movido y me desmotivo, entonces me retiro. De lo contrario, me quedo hasta 12 horas para poder sacar el máximo provecho. Si hago menos de 20 servicios, no me alcanza para cubrir mis gastos”, agrega Deivis.

Al ser trabajadores independientes, la seguridad social no está cubierta, y esos gastos corren directamente de su bolsillo. Según Zambrano:

“Los precios del servicio varían entre $5.000 y $8.000 pesos, dependiendo del kilometraje y la zona. También prestamos servicios especiales que tienen otro valor, pero regularmente el costo es de $5.000 pesos”.

A esto se suma la exposición constante a peligros. “Prácticamente uno está muy expuesto ya sea de día o de noche. De día, por el tráfico, porque hay mucha gente imprudente y uno también a veces comete imprudencias. En las noches estamos muy expuestos al robo, porque llegamos a muchos barrios calientes y a urbanizaciones muy peligrosas para nosotros”, comenta el mensajero.

Refugio para migrantes y desplazados.

Este modelo de trabajo también ha dado oportunidades a personas desplazadas por el conflicto o a migrantes, en su mayoría venezolanos, que han encontrado en la mensajería una salida económica. Deivis cuenta su experiencia:

“No fue fácil. Necesitas una moto, un teléfono y buena actitud. Requieres experiencia, conocer la ciudad. Las mensajerías cobran planilla y, si la moto no es propia, el alquiler vale $25.000 pesos, más la gasolina. Si no conoces la ciudad, no ves resultados en tu bolsillo”.

Durante la pandemia, los domiciliarios fueron catalogados como héroes por el papel que desempeñaron en medio del confinamiento. Sin embargo, no siempre reciben el reconocimiento que merecen. “Hay casos en que no valoran el trabajo de los mensajeros”, lamenta Zambrano.

El principal medio de transporte para realizar esta labor es la motocicleta, aunque algunos usan bicicleta como una forma más amigable con el medio ambiente. Pero, según Deivis, no es una tarea sencilla.

“He visto mensajeros que trabajan con bicicleta, pero no es nada fácil por la rapidez que requieren las entregas y el desgaste físico. Para que haya más sostenibilidad en el transporte hace falta mucha infraestructura como tal”.

Mujer con camiseta blanca en una motocicleta, acompañada de un hombre a su lado.
Deivis Zambrano y personal administrativo de la empresa de domicilios «Urbana».

Un oficio necesario pero precario.

El papel del domiciliario es fundamental para la sociedad: permiten que productos lleguen rápido y seguro a los hogares, y ayudan a que las personas no tengan que desplazarse, ahorrando tiempo y, en algunos casos, doble pasaje.

Sin embargo, las condiciones laborales siguen siendo una deuda pendiente. “Me gustaría algo más estable a futuro. La mensajería la veo como algo temporal, pero se va extendiendo y, cuando vienes a ver, se pasó el tiempo y uno sigue ahí. No consigues otra oportunidad y esta es una manera rápida de obtener ingresos”, concluye Deivis Zambrano.

Respecto a lo anterior consultamos a la doctora Kelly Cucuruba, coordinadora de inspección y prevención vigilancia y control, enlace de formalización laboral del ministerio de trabajo en Valledupar y manifiesta lo siguiente “cuando se realizan las visitas, te encuentras con la persona que administra el punto. Y los demás los entrevistamos y dicen que su trabajo es completamente independiente, que no cumplen ningún tipo de horario que si quieren van o no van”

La coordinadora también reconoce que esto se debe a un fenómeno que se vive en la región, no solo afecta a los mensajeros sino también a otros oficios como el de los enfermeros(a)“la falta de ofertas que hay en el departamento, es un factor fundamental, las personas prefieren acceder a este tipo de contrataciones, aun sabiendo que te toca trabajar más o que no te pagarán puntual, por ganar $40 o $60 pesos al día lo aceptan y tienen una buena relación laboral con su empleador, ellos no lo ven como explotación laboral más bien como una oportunidad” y se lamenta por lo que afirma “es un completo desconocimiento de nuestros derechos laborales”

Cucuruba también advierte que esto representa un riesgo para los empleadores de ser denunciados y sancionados.

“Lo corremos incluso las personas que en su casa tienen servicio de limpieza y no les pagan prestaciones, salario completo ni vacaciones. Es el mismo riesgo que corre una mensajería que tiene personas sin un día de descanso”.

El Ministerio de Trabajo realiza visitas a las mensajerías de Valledupar, ¿con qué fin? Lo explica el enlace de formalización:

“Hacemos visitas de tipo preventivo o de inspección general. Ahí es donde nos encontramos con esa resistencia: el empleador dice que lo que gana no le da para sostener una nómina y el trabajador dice que si los sancionan se van a quedar sin empleo. Por eso siempre hacemos la visita con el tema de la prevención, para decirles que si van a constituir un empleo tienen que tener cómo sostener a uno, dos o tres trabajadores, como lo requiera, y para eso se empieza poco a poco”.

Kelly hace una comparación con empresas como Interrapidísimo o Servientrega:

“Ellos ganan un salario mínimo, con sus prestaciones sociales y un contrato laboral, mientras que en las empresas de mensajería informales apenas tienen una camisa que dice «SOS» como dotación, pero del resto no tienen más garantías laborales de las que gozan las empresas ya formalizadas. Esa es nuestra gran lucha aquí en el Cesar”.

En resumen, una medida preventiva consiste en decirle al empleador todo lo que debe hacer para afiliar o mantener esa planta laboral que, en una inspección, puede encontrarse completamente desprotegida o, como lo llama el Gobierno Nacional, en una relación precaria. La otra medida es la coactiva: el Ministerio de Trabajo llega, encuentra informalidad laboral y sanciona al empleador, aunque primero le da la posibilidad de reivindicarse y hacer lo competente.

El enlace de formalización recalca que el Ministerio de Trabajo no está para destruir sino para construir, y asegura que, siempre que el empresario esté dispuesto a cumplir la norma, ellos lo acompañarán brindando todos los beneficios que esto le atribuye. Explica también el paso a paso:

“Lo primero que debemos hacer para formalizar a nuestros trabajadores es pasar una solicitud al Ministerio de Trabajo en la Dirección Territorial donde se encuentre la empresa. Allí se manifiesta: «yo, Fulanito de Tal, tengo tantos trabajadores y deseo iniciar un proceso de acuerdo de formalización laboral con el Ministerio de Trabajo».

¿Qué hace el Ministerio de Trabajo? Hace una visita preventiva para verificar en qué estado está la empresa. ¿Cuántos trabajadores están afiliados a seguridad social? ¿Todos o ninguno? ¿Cuántos reciben un salario completo? ¿Todos o ninguno? Hacemos un diagnóstico general de normas laborales y de riesgos, y brindamos acompañamiento. La norma laboral no puede desprenderse de la norma de Seguridad y Salud en el Trabajo, porque también la comprende.

Entonces, no basta con que les paguen salario, pensión y prestaciones sociales. También deben cumplir con lo que exige la norma de Seguridad y Salud en el Trabajo: elementos de protección personal, capacitaciones, y, en el caso de la mensajería, medidas frente al riesgo público al que están expuestos. La empresa debe iniciar un proceso para tener un líder de Seguridad y Salud en el Trabajo. Todo ese acompañamiento se lo brindamos nosotros; el empleador no estará solo en ningún momento”.

Una vez se hace el diagnóstico, el Ministerio procede con capacitaciones sobre formalización laboral, tanto para trabajadores como para empleadores. Allí se explica la norma, la seguridad laboral y lo que implica un acuerdo de formalización. Cuando se suscribe, el acuerdo es firmado por la Viceministra de Relaciones Laborales.

“No se firma solo aquí en el Cesar, porque es de impacto nacional. Se suscribe en el Cesar, se envía a Bogotá, la Viceministra lo aprueba y regresa. Luego lo firmamos el Director Territorial y la empresa, para que quede suscrito. Después de eso, acompañamos a la empresa. En el primer mes hacemos una nueva visita para verificar que se esté cumpliendo lo pactado.

Si, por ejemplo, se comprometió a formalizar cinco mensajeros, en esa primera visita deben estar formalizados esos cinco o más, nunca menos. Luego de ese primer mes, volvemos a visitar una vez cada año, durante tres años. Ese es el tiempo de duración del acuerdo de formalización laboral. Al terminar, el empleador debe haber adquirido buenas prácticas para continuar con la formalidad laboral de manera estable.

Lo que buscamos no es una formalización de pantalla o de momento, sino que sea real. Que el empleador asuma un compromiso de tres años y que lo cumpla. Si incumple, el Ministerio de Trabajo debe tomar las acciones coactivas pertinentes”.

JASÓN GÓMEZ y ÁLVARO JOSÉ VILLALOBOS, estudiantes de comunicación social en la Universidad de Santander UDES, sede Valledupar.


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