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Cantos de libertad: Los que se alzan en almas

Hombre mayor vestido con camiseta roja

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POEMAS DE LUIS ANTONIO ROPERO.

LOS QUE SE ALZAN EN ALMAS.

Es porque han decidido
abandonar la incertidumbre
de no ser habitantes de su propia casa.

Los que se alzan en almas
han decidido poner punto final a la tranquilidad
a la tranquilada de ser marionetas para siempre
amarrados por sus propios hijos.

Los que se alzan en almas
han ganado la soledad
y con ella la libertad
de enarbolar su propio canto
los que se alzan en almas
han imitado al cóndor libertario
para expandir su canto
donde las almas muertas
puedan escuchar una nueva esperanza.

Los que se alzan en almas
No esperan las medallas
que siempre exhiben
los cuerpos inventariados en un universo
donde cada cosa tiene su dueño.

Los que se alzan en almas
tendrán que elevar su canto
hasta ser libres de sí mismos
y no tener amos.

Los que se alzan en almas
tendrán presente
que en un momento cualquiera
un cazador insaciable
dará cuenta de su canción.

Los que se alzan en almas deben saber
que su cuerpo es su única propiedad
y sólo servirá para alimentar la tierra
cuando llegue la hora puntual.

Los condecoradores no van a la guerra.

Ellos se quedan en sus escritorios
calculando los muertos de cada combate,
que siempre son los hijos de los desheredados.

Los que están en la miseria
no importan por quién combatan,
igual son los que no fueron a la escuela,
los desempleados, los sin tierra,
los sin oportunidades,
los que no tienen luz para seguir viviendo,
son los que van a la guerra.

Los condecoradores son muy humanizados,
en ellos pelean las ideas, más no los hombres.
Y cuando ganan la pelea,
le dan una tajada de la torta
al condecorado vencido.
Así demuestran que son inteligentes e idóneos
para seguir condecorando.

Los que se juegan la vida en batalla,
ganan la miseria eterna; si quedan vivos.
Los aplausos, la perpetuidad en el poder,
es para los condecoradores.

Los condecorados serán veteranos ejemplares,
que exhibirán orgullosos sus moñones…
Y pasarán los días
y los hijos de los condecoradores
seguirán condecorando
a los hijos de los condecorados.

Pobres matándose entre pobres.

Mientras los dueños de las almas y los cuerpos
viven protegidos en sus búnkeres
donde no los atormenta ni una tormenta
ni un ruido en el oído
ni una masacre en un acre.

Allí en su urna etrusca
no escuchan el hambre de los mosquitos
ni los pasos de una cucaracha
ni el parto de una rata
a ellos los protegen
los cuerpos de los pobres.

Allá afuera, muy lejos de sus mansiones
son los pobres los que disparan a los pobres
y son pobres los que cuentan los cadáveres
son pobres los sepultureros
son pobres los que cantan el himno de la victoria
y pobres seguirán siendo
los que se matan en esta guerra
organizada por los poderosos
contra los pobres.

La guerra de los ricos contra los pobres
es un ajedrez que comandan los reyes
aislados en sus torres de seguridad
mientras los alfiles, los caballos, los peones
caen como moscas peleando
por la democracia de los ricos.

Pobres los pobres
entrenados, sistematizados, estructurados,
para morir pobres,
peleando por sus amos.

LUIS ANTONIO ROPERO
Poeta popular.


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