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Inversión en investigación y actividades de ciencia y tecnología en Colombia

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LEER PRIMERA ENTREGA: Ciencia tecnología e innovación en la industria 4.0.

En Colombia, la inversión en ciencia y tecnología está altamente centralizada,
concentrándose en Bogotá y de ahí opera hacia el resto de la geografía colombiana. Esta configuración no es un hecho reciente, sino que tiene sus raíces en el orden colonial y se mantuvo durante la consolidación del Estado republicano. Aunque la Constitución de 1991 intentó equilibrar la histórica tensión entre centralismo y federalismo, en la práctica, su aplicación fortaleció un regionalismo cultural y social aún más marcado.

Sin embargo, la centralización es muy problemática debido a que continua estimulando las desigualdades regionales en cuanto a la distribución de recursos para la investigación y el desarrollo (I+D) y las actividades en ciencia y tecnología (ACTI). Como consecuencia, muchas regiones enfrentan serias dificultades para acceder a financiamiento, equipos tecnológicos avanzados y redes de cooperación científica internacional, lo que limita su capacidad de innovación y competitividad.

Además del problema del centralismo, Colombia enfrenta un desafío adicional: su baja inversión en I+D en comparación con otros países de la región y del mundo. De acuerdo con R&D World (2024), el país refleja el siguiente datos en el mapamundi:

Mapamundi de inversiones en ciencia y tecnología.

Por tanto, se encuentra por debajo del promedio regional y, en Suramérica, solo supera a Paraguay en inversión en I+D. Mientras que los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) destinan en promedio un 2,7% del PIB a este sector y algunas naciones invierten hasta el 6%, Colombia sigue rezagada en la generación de nuevo conocimiento y desarrollo tecnológico (Periódico UNAL, 2024). Incluso, el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología (OCyT, 2022), evidencia que el porcentaje de la inversión en I+D sigue en descenso.

Las estadísticas del OCyT17 (2022) reflejan una tendencia decreciente en la inversión en ciencia y tecnología. En 2022, el país destinó 0,89% del PIB a ACTI y apenas 0,21% a I+D, para 2024, esta inversión ha aumentado solo un 0,10%, lo que evidencia la insuficiente apuesta por el desarrollo científico. Este déficit se ha convertido en un problema estructural, pues aunque distintos gobiernos han promovido políticas públicas para fortalecer el sector, los avances han sido desiguales y limitados.

En ese sentido, las misiones de sabios han sido de suma importancia y estratégicas para el fortalecimiento de la ciencia, la tecnología y la innovación en Colombia. La primera, en 1993, sentó las bases para la creación de la Ley 115 de 1994 (Ley General de educación) y la Ley 30 de 1992 (Ley de Educación Superior), que establecieron un marco normativo para robustecer la educación en el país. La segunda, en 2019, impulsó la transformación de Colciencias a Ministerio de Ciencia y Tecnología e Innovación, con el propósito de mejorar la estructura institucional del sector.

Finalmente, la formación de doctores en Colombia sigue siendo muy baja, lo que representa un desafío significativo para el desarrollo científico y tecnológico del país. Un dato alarmante es que, por cada 28 maestros formados en el 2018 solo uno (1) logra graduarse como doctor en el 2022, en todas las divisiones de los saberes. Pero, en 2024 también hubieran podido graduarse maestros formados en años anteriores 2018 y parte del 2017 o 2016 aproximadamente.

Desafíos del Cesar en la era de la innovación y el conocimiento.

Si la situación de la ciencia y la tecnología en Colombia es compleja, en el departamento del Cesar resulta aún mas desalentadora. A pesar de haber atravesado una época dorada debido a los recursos provenientes de las regalías generadas por la explotación de carbón en el centro del Cesar, la creación del Sistema General de Regalías (SGR) en el 2011 modificó la distribución de estos fondos. Con este cambio, los recursos dejaron de ingresar directamente al Cesar y comenzaron a distribuirse entre las diferentes regiones, reduciendo su impacto local. Aunque sin un impacto transcendental para el caso del sistema de educación de la región ni en la mejora de saneamiento básico.

Según el economista Jaime Bonet (2007), las regalías en el departamento del Cesar pasaron de representar el 8,7% de sus ingresos totales en el año 2000 al 25,8% en 2005. Además, en este año, las regalías pagadas a las diferentes entidades en el departamento del Cesar constituyeron, aproximadamente, el 3% del PIB departamental. Estos datos muestran la relevancia que tuvieron las regalías en la economía del Cesar, pero no contribuyó a despegar de manera significativa el campo de la ciencia y la tecnología e innovación.

Aún más preocupante es que, según el Índice Departamental de Innovación para Colombia (2023), el Cesar ocupa el puesto 22 entre los 32 departamentos del país, situándose entre los menos innovadores, con un indicador de desempeño medio-bajo. Además, el porcentaje de gasto en I+D financiado desde el extranjero es prácticamente inexistente, las becas para maestrías y doctorados son escasas —especialmente para la población entre 25 y 40 años— y la inversión privada en investigación y desarrollo es nula. Si no se toman medidas para reorientar el apoyo a la ciencia, la tecnología y la innovación, el departamento del Cesar seguirá enfrentando un modelo de desarrollo insostenible, con una economía vulnerable a las fluctuaciones del mercado de los recursos naturales y con pocas oportunidades para el avance científico y tecnológico.

Conclusiones.

Para que Colombia no quede rezagada con el resto de las naciones, en especial, con América Latina, en materia de la Investigación y el Desarrollo (I+D) y en las Actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación (ACTI) debe asumir el desafío de incrementar los recursos económicos para modernizar el sistema de producción y volverse mejor competitiva. Aunque ha implementado iniciativas como el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI) y programas como Misión de Sabios que fue realizada el 5 de diciembre de 2019, la cual dejó como resultado la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e innovación por medio del Decreto 2226 de 1019; el cual sigue destinando solo alrededor de un porcentaje del 0.21% en I+D y el ACTI en 0,89 % del PIB, cuando el mínimo necesario para lograr su impacto significativo debería superar más de 2%. Esta insuficiente inversión limita su capacidad para adaptarse a los cambios disruptivos de la 4RI y desarrollar soluciones tecnológicas que respondan a sus necesidades específicas, como la sostenibilidad ambiental, la inclusión social y la diversificación económica.

La falta de inversión en I+D no solo afecta la productividad y la competitividad, sino que también contribuye a la perpetuación de un sistema en el que las multinacionales concentran el poder tecnológico y económico, mientras los Estados pierden capacidad para garantizar derechos sociales y laborales.

Finalmente, a pesar de las contradicciones que se generan en el capitalismo global y su prolongada y profundización de las desigualdades socioeconómicas entre países, hay que lograr que se reduzcan a través de compartir las experiencias de uno que sea más avanzado que otro en materia científica y tecnológica. Por ejemplo, entre países latinoamericanos en el que se ayuden mutuamente a transformar y modernizar los sistemas de ciencias y tecnología. Esto es fundamental para Colombia el compartir experiencia en ciencia y tecnología que permita promover el desarrollo, en donde si va haber extracción de recursos naturales se creen las bases en la formación de conocimiento y que eso lleve a transformar el sistema de producción y a mejorar la competencia en los diferentes sectores económicos. De igual modo, se lleve a fomentar políticas públicas que impulse al avance de la ciencia y tecnología, ya que estos son los pilares importante para entrar a la sociedad del conocimiento.

JANNER SANJUANELO OBREGÓN.

Sociólogo, especialista en Gobierno, maestría en Educación, y aspirante a doctorado en Ciencias Sociales, en Universidad Nacional de La Plata, Argentina.


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